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La historiadora Almudena Orejas, sobre Tabacalera: “Gijón no es consciente de su importancia”

“Un laboratorio para los investigadores y un espacio clave para la historia de Gijón”. La historiadora e investigadora Almudena Orejas tiene claro que el edificio de Tabacalera es capital en la evolución de la ciudad, porque “es un edificio longevo y complejo, en el que se acumulan 2.000 años de historia muchas veces no del todo conocida por los propios gijoneses”.

Orejas participó ayer en el ciclo de charlas divulgativas de la delegación en Asturias del CSIC para hablar de “La Fábrica de Tabacos de Gijón: de la arqueología romana a la arqueología del presente”, y en su charla puso de relieve la singularidad de un edificio que “nos cuenta muchas cosas, sobre muchos procesos sociales, de la vida cotidiana y de la vida social, además de ilustrar procesos sociales locales relacionados con procesos más amplios”.

Pese a lo mucho que la Tabacalera (abierta en 1843) ha mostrado en los últimos años, con hitos como el hallazgo de un pozo de origen romano, “aún nos queda mucho trabajo por hacer”, adelanta la historiadora, habida cuenta de que “hemos hallado unos muros anteriores a la finalización de la iglesia que aún no están bien caracterizados, y nos gustaría estudiar más a fondo los grafiti que dejaron los obreros en la iglesia”, enumera, con lo que “aún nos queda bastante tarea por delante”.

Con todo lo que el edificio puede mostrar sobre la evolución y el crecimiento de la ciudad, “los gijoneses no son del todo conscientes de la importancia del edifico”, reflexiona la investigadora, porque “en sus dos etapas fundamentales siempre ha vivido hacia adentro: primero como convento de las Agustinas Recoletas, que residieron en comunidad cerrada, y después como Fábrica de Tabacos, que estaba abierta sólo a los trabajadores pero no al grueso de la ciudad” y por lo tanto no conoce sus entresijos.

Por eso, el nuevo plan de usos del edificio diseñado por el Ayuntamiento “puede ser una buena forma de que todo el mundo se acerque a su historia”, dado que se prevé abrir una zona expositiva con todos los restos arqueológicos. Eso sí, “debería revisarse el nombre, porque ya hace mucho tiempo que se sabe que Gijón no se llamaba Gigia”, matiza Orejas, encantada con que el edificio pueda tener una nueva vida. “Esperamos que el plan de exhibición de los restos se haga acorde con nuestras investigaciones”, señala, antes de recalcar que se trata de un terreno “excepcionalmente fructífero para colaboraciones interdisciplinares, para investigaciones desde varias áreas”.

Articulo de LNE