102021Ene
Abelardo Margolles | Científico – El reto de sacar partido a los residuos de la sidra y el queso

Abelardo Margolles | Científico – El reto de sacar partido a los residuos de la sidra y el queso

En una etapa de madurez, el investigador maliayés dirige un relevante proyecto del ámbito agroalimentario 

-El objetivo que tenemos planteado se centra en sacar partido a residuos agroalimentarios que Asturias produce a gran escala y que, de manera habitual, no aportan valor económico.

Abelardo Margolles Barros (Villaviciosa, 1968) y el equipo MicroHealth del Instituto de Productos Lácteos de Asturias (IPLA) tienen entre manos una ambiciosa investigación de escala europea, “proyecto Master”, que incide en “uno de los grandes patrimonios de Asturias: la industria agroalimentaria”. La vertiente asturiana se basa en dos palabras que designan la entraña natural del Principado: sidra y queso. Iniciado en 2019, debe alcanzar su velocidad de crucero a lo largo de este año.

El científico maliayés estudió Farmacia en Santiago de Compostela. Realizó la tesis doctoral en el IPLA, emplazado en Villaviciosa y perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Una estancia en la Universidad de Groningen (Holanda) “me permitió saber cómo funciona un centro de investigación de alto nivel y me abrió los ojos a sectores de la ciencia con los que nunca había tenido contacto”.

Margolles acepta el protagonismo personal subrayando que “en ciencia el equipo lo es todo”. Y este equipo, en colaboración con otras instituciones asturianas (Serida y la Asociación de Queseros Artesanos del Principado, entre otros), lleva adelante dos líneas de trabajo integradas en un mismo proyecto de ámbito europeo. Una se basa en el suero que surge de la elaboración del queso. La otra, en la magaya que se descarta durante la producción de la sidra. Se trata, en ambos casos, de materia llamada al descarte. Sin embargo, sometida a un adecuado proceso de I+D+i puede convertirse, por una parte, en herramientas para mejorar la salud intestinal, en forma de nuevos alimentos funcionales y prebióticos, y, por otra, en nuevos métodos de análisis para la industria láctea que permitan optimizar la calidad y la seguridad de sus productos. 

Casado y padre de dos hijos, lleva 20 años como miembro estable de la plantilla del IPLA, donde ha ejercido como investigador principal en más de una decena de proyectos. El año que acaba de comenzar también será importante para la vertiente institucional del IPLA: mañana, lunes, se colocará la primera piedra de la nueva sede en un terreno anexo al Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (Incar), en La Corredoria (Oviedo).

-¿En qué momento de la vida se siente con 52 años?

-En ciencia, no resulta fácil definir las fronteras entre joven, adulto y viejo; en eso ni me meto. Lo que sí puedo decir, desde el punto de vista del científico, es que las ideas brillantes en nuestro mundo las tienen los jóvenes, pero la experiencia y la visión de conjunto para abordar ciertos desafíos de envergadura la tienen los veteranos. Quiero creer que estoy en una etapa intermedia, de cierta madurez científica, aunque todavía me queda mucho por aprender y enseñar.

Ver noticia completa en LNE